EL MAYOR ENEMIGO DE TUS PROMESAS PERSONALES

promesa

El sol no ha salido aún. El despertador rompe el silencio de la noche sacándome inmediatamente de mis sueños. Me siento sobre mi cama y veo como se cuela la luz de la luna por mi ventana creando sombras nítidas que caen sobre Robbie (mi perro) quien aún continúa viajando en su mundo de sueños animal.

Mis ojos me pesan, el día anterior fue largo y productivo, una voz dentro de mí me dice que regrese a dormir, que es muy temprano, que no pasa nada si no me levanto. Sin embargo, el fuego dentro de mí exige un sacrificio, necesita alimento para continuar ardiendo y aumentando el tamaño de sus flamas. Me hice una promesa a mí mismo y no la voy a romper.

Mis pies tocan el piso, está frío, salgo de mi cuarto y me dirijo al baño. Mientras atiendo mis necesidades repaso en mi cabeza lo que quiero hacer en el día. Naturalmente, tengo algunos pendientes y responsabilidades que hacer, no obstante, tengo la mayor parte del día para trabajar en mis proyectos. Me lavo los dientes y me veo en el espejo. Va a ser un buen día.

Finalmente, estoy logrando cumplir mis promesas personales. Ahora me queda muy claro que si no encuentras la motivación correcta o el “porqué” correcto, es casi imposible que mantengas una promesa contigo mismo a largo plazo. Nuestra fuerza de voluntad no es infinita, entendí que no debes empujarte a hacer las cosas, sino que tienes que hacer cosas que te jalen a realizarlas.

Si has intentado incontables veces hacer algo que realmente quieres hacer pero no has logrado desarrollar la disciplina para hacerlo, quizás necesites hacer una introspección profunda y modificar tus paradigmas hasta que logres encontrar un “porque” lo suficientemente fuerte que funja como fuerza magnética y te jale inconscientemente a trabajar en cumplir tus metas.

Cualquier motivación que parta de tu ego, no tardará en desfallecer. Cuando pasamos por la adolescencia, el ego es necesario para desarrollar ciertas partes de nosotros y al mismo tiempo nos funciona como gasolina para trabajar en nuestras metas, sin embargo, cuando pasamos a ser adultos y comenzamos a madurar, esa gasolina del ego ya no tiene la misma eficacia de antes.

Cuando sucede esta maduración, muchas personas (incluyéndome a mí), nos preguntamos: ¿Porque no soy como antes? Antes estaba más motivado y hacía mucho más cosas, ¿Qué me paso? ¿Por qué dejé mis metas, mi cuerpo y mi felicidad de lado?. Debido a nuestra complejidad y diversidad como seres humanos, no hay una respuesta universal o cien por ciento correcta a estas preguntas, pero lo que les puedo asegurar es que el ego tiene mucha influencia en estos cambios.

Si eres una persona que trabaja constantemente en su desarrollo personal y espiritual, llegará un punto en donde te darás cuenta de que ya no eres quien eras hace unos años y que ahora hay cosas mucho más trascendentes que te mueven. En mi poca experiencia de vida, mi consejo es:

No te aferres a quien eras en el pasado, si escuchas atentamente a tu corazón y no te sumerges en las distracciones de la sociedad, encontrarás tus nuevas y más profundas motivaciones. Ya que las hayas identificado acéptalas y atrévete a dar el salto, porque en ese momento tu vida cambiará para siempre.

Buen fin de semana.