LA DESESPERACIÓN MATA A LA ACCIÓN

decisión

Tengo que confesarlo, la desesperación es uno de mis mayores enemigos. No ver resultados inmediatos me ha llevado a dudar, sentir miedo e inclusive a detener y replantear planes que ya estaba llevando a cabo, sin embargo su peor estrago ha sido la parálisis de decisión. Quién sufra o haya sufrido de esto sabe lo frustrante que es no ser capaz de tomar una decisión definitiva y apegarse a un plan sin dudar en el proceso de su ejecución.

¿Hago esto o lo otro? ¿Cuál me acercará más a mi meta final? ¿Cuál me conviene más?

Estas preguntas circulan mi mente constantemente, son hienas hambrientas que buscan cualquier debilidad para robarse mi atención y paralizar mis acciones. La urgencia por obtener resultados rápidos sumada con mi miedo a fallar han engendrado estas dudas que ya en varias ocasiones han causado que abandone proyectos personales y que vaya por la vida saltando de proyecto en proyecto sin concretar nada.

Lo peor del caso es que esta conducta ha creado dentro de mi más desesperación. Este círculo vicioso ha ido formando una bola de nieve gigante que ha arrasado con ideas, proyectos personales y oportunidades importantes, todo por no ser capaz de apegarme a una decisión.

Una pared que detuvo todo.

Como he escrito en post recientes, hace poco viví un cambio de paradigma muy fuerte. Este cambio erigió instantáneamente una pared en donde se estrelló la bola de nieve formada por mi desesperación, dejándome como resultado una claridad mental impresionante que no había experimentado en años.

Ahora veo claramente el potencial de las oportunidades que están frente a mí, y mejor aún, veo claramente que la forma de cumplir mis metas es trabajar en ellas todos los días sin hacer mucho caso a mis miedos y dudas personales. Tomar pasos pequeños todos los días, tomar una decisión y llevarla a cabo hasta completar su ciclo.

Aún me cuesta trabajo no voltear a ver a los demás y comparar mi vida con la de ellos, conducta que incuestionablemente genera destellos de desesperación dentro de mí. No obstante, hoy soy mucho más consciente de los pensamientos que pasan por mi cabeza y poco a poco he logrado canalizar esa desesperación para transformarla en algo positivo.

Somos seres tan complejos que la mayoría del tiempo no sabemos cuál es el origen de nuestras decisiones o conductas. Encontrar esos demonios personales requiere de mucha introspección y paciencia, pero es más difícil aún tomar las acciones necesarias para eliminar esas creencias y reemplazarlas con principios universales como la integridad y la disciplina.

Hoy intento vivir mi proceso basando mis decisiones en lo que dice mi corazón. Es impactante darse cuenta de que has pasado años buscando respuestas en los lugares equivocados, cuando todas las respuestas que necesitabas se encontraban en ti mismo.

Sigo odiando mi impaciencia, pero por lo pronto estoy logrando controlarla (un poco).