APAGA EL PILOTO AUTOMÁTICO O TE VAS A ESTRELLAR

caminar

Tenía diecinueve años, caminaba entre los árboles de un hermoso bosque en Canadá. Mis manos estaban heladas, me había quitado los guantes porque me dificultaban presionar los botones de mi cámara. Los múltiples colores de las hojas de los árboles indicaban el final del otoño mientras que las nubes apenas dejaban escapar un rayo de sol, podía ver mi aliento condensarse frente a mí durante cada exhalación. El invierno estaba cerca.

Había decidido explorar el bosque para despejar mi mente de varios asuntos que no dejaban descansar mi mente. En pocos días iba a regresar a México y aún no tenía suficiente material para terminar el documental que estaba filmando, digamos que me sentía presionado, además, en ese momento estaba pasando por una mala racha de pensamientos negativos, ni siquiera recuerdo qué me estaba pasando por la cabeza, pero recuerdo claramente cómo me sentía; Estaba ansioso y estresado.Caminaba cuesta arriba buscando conseguir una buena toma. Quería encontrar un punto alto donde tuviera una vista panorámica del bosque. Caminé por más de dos horas y pronto me di cuenta de que había sido un error traer tenis de suela plana al bosque. Estaba cansado, parecía que mi mochila se hacía más pesada con cada paso que daba, sentía como el aire helado se enterraba en mi cara y se colaba por los bordes de mi chamarra. Seguí caminando aguantándome el dolor de los pies. Minutos después llegue al borde de la montaña y me detuve a descansar un momento, después mire al frente. Mi mente se tardó unos segundos en hacer consciencia de lo que mis ojos estaban viendo. En menos de un segundo todas mis molestias físicas y preocupaciones mentales se esfumaron.

El bosque se extendía hasta el horizonte, las puntas de los árboles parecían arbustos coloridos amontonados entre sí, el sol comenzaba a asomarse de entre las nubes tintando de luz naranja todo lo que tocaba mientras que los sonidos del viento y la naturaleza orquestaban perfectamente el paisaje. Yo estaba estupefacto, nunca antes en mi vida había presenciado un espectáculo natural tan impresionante.

Me quité la mochila, dejé la cámara a un lado y me senté en una roca. Toda preocupación o pensamientos negativos desaparecieron de mi mente. La inmensidad de la escena que estaba viviendo me hizo reflexionar acerca de lo banales que eran mis preocupaciones; Y por un momento me sentí libre.

¿Y qué tiene que ver el título de este post con esta historia?

La mayoría del tiempo vivimos en piloto automático, estamos tan metidos en nuestros pensamientos y preocupaciones que olvidamos lo que realmente es importante en la vida. Sin darnos cuenta, sacrificamos nuestro tiempo, salud y energía por cosas banales que no tendrán importancia a largo plazo. Sacrificamos lo más importante por lo más urgente y cuando menos nos damos cuenta, los años han pasado y nos preguntamos ¿qué hice en todo este tiempo?

Estoy seguro de que a todos nos ha pasado que al ver un paisaje hermoso o vivir una experiencia fuerte, nos pongamos a reflexionar y a hacernos preguntas acerca de nuestra vida. Sin embargo, la mayoría de las personas, aún después de esos momentos profundos de reflexión, no toman acción alguna para mejorar su vida.

Es importante crear un hábito de introspección constante donde nos veamos a nosotros mismos como tercera persona y analicemos si nuestras acciones están realmente motivadas por nuestra misión personal, o si sólo estamos reaccionando ante las circunstancias que se nos presentan y dando vueltas en círculos. Estar ocupado y ser productivo son cosas muy diferentes. Hacer pequeñas pausas de reflexión diarias nos ayudan a despejar nuestra mente de distracciones y ver con más claridad el camino que estamos tomando o forjando.

Muy dentro de nosotros sabemos cuales son nuestros errores y lo que tenemos que hacer para mejorar nuestra vida, pero simplemente decidimos ignorar nuestras verdades y continuar viviendo respaldados en excusas mientras nos cegamos con las millones de distracciones banales que nos ofrece el mundo. Al final podrás engañar a algunos, pero nunca a ti mismo.

Personalmente, la meditación me ha ayudado a limpiar mi mente y enfocarme en mi misión personal. Cada día me sorprende más el poder del silencio y de la inmensidad de la naturaleza. Sé que es difícil encontrar un espacio de tiempo para alejarte del ruido de la ciudad, pero no es el ruido de la ciudad el que tienes que callar, sino el ruido de tu mente.

Para concluir con mi historia, después de haber disfrutado la vista por un rato, tomé mis cosas y comencé el camino de regreso. No fue hasta haber caminado más de media hora cuando me di cuenta de que no había filmado el paisaje tan hermoso con el que me había encontrado.

No pude plasmar ese paisaje en mi documental, pero ahora que lo pienso, hay cosas que es mejor plasmarlas únicamente en tu alma.