UN CORAZÓN DISPUESTO A VIVIR

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Al principio tenía miedo, no sabía a que iba a enfrentarme. Pasó el tiempo y mi corazón se fue ablandando con cada golpe de calor que recibía de la persona que robaba mis pensamientos.

“Soy muy joven, en esta edad no me puedo enamorar, es más, no debo enamorarme; Aún tengo muchas metas qué cumplir y no hay tiempo para esas cosas.” La voz racional de mi cabeza detenía el flujo de emociones que liberaba mi corazón. Sin embargo, el tiempo se hizo cargo de agrietar las barreras impuestas por mi mente haciendo que el amor creciera como una flor a través del concreto. 

Me deje llevar intermitentemente por mis sentimientos; Solo eso bastó para que un lazo invisible uniera mi alma con la de ella. Cada día que pasaba, ese lazo se volvía más fuerte, y de él nacían conexiones a niveles más profundos que despertaban nuevas formas de comunicación que no conocía. Un movimiento, una mirada, una respiración, sólo eso era necesario para saber qué ocurría dentro del corazón de mi amada.

Nunca tuve mayor deseo que congelar el momento en que abría la puerta, me encontraba con sus ojos y sus labios involuntariamente formaban una sonrisa. Por un momento desaparecía toda preocupación de mi cabeza. Sólo éramos ella y yo, ni siquiera el tiempo figuraba dentro de la ecuación de ese momento. ¿Cómo puede ser que haya caído en tan profundo amor? ¿Es prudente dejarme llevar?. Las preguntas seguían asediando mi interior.

Siempre he pensado que dentro de nosotros debe de existir un balance, un balance que nos lleve a exprimir la vida de la forma correcta. No podemos dejar que la cabeza tome por si sola las decisiones, ni tampoco el corazón, ni tampoco nuestro sexo; Es la combinación de estas tres partes de nosotros la que nos guía de forma orgánica para construir y recorrer el camino de nuestra vida.

Solo tenemos que estar atentos, atentos a escuchar, atentos a sentir, atentos a pensar. El amor verdadero saca de nosotros lo mejor que llevamos dentro, sin embargo a veces no sabemos cómo canalizarlo y terminamos haciendo tonterías por las que después culpamos al corazón. Hoy comparto esta breve experiencia para entender mejor el rumbo de mi camino y para aportar a la vida de quien la encuentre útil.

A todos nos asusta el amor, y más después de haber sufrido por alguna de sus condiciones. Sin embargo, no podemos correr, ni escondernos de él; Porque al final es de lo que estamos hechos. El que niega el amor, niega la felicidad, el que niega la felicidad niega la vida. A diferencia de lo que dice nuestra herencia social, un alma valiente es un alma sensible, y sólo un alma sensible es capaz de multiplicar felicidad.