LA LUZ TREINTA MINUTOS ANTES DE LAS 3 AM

luz ventana

Dos horas después de medianoche y mi mente no me deja dormir. La luz intermitente de los rayos en el cielo ilumina el teclado con el que escribo estas palabras y el olor a tierra mojada fertiliza el ambiente de mi habitación a través de mi ventana.

Mis pensamientos están inquietos, hay muchas nubes en el cielo; Sin embargo, la paz predomina en mi interior. En veintinueve días habré existido un cuarto de siglo en este mundo material; El haber recordado mi edad endureció repentinamente la tierra debajo de mis pies. La conciencia de mi mortalidad ha tocado la puerta hasta despertarme de mi sueño.

Ahora mis dedos están desesperados por expresar con caracteres las locuras de mi mente, días de continua transmutación han empujado a mi verdadero ser hacia la superficie. Mi alma reclama fidelidad a su misión. La restauración de mi balanza espiritual ha dado a luz al reencuentro del camino que perdí durante mi transición hacia la adultez. Mis heridas recientes cicatrizan para dar paso a la independencia de mi corazón.

La inestabilidad del clima refleja involuntariamente el cambio de estación por el que pasa mi alma. Aun a través del sonido de la lluvia puedo percibir la quietud del cielo despejado sobre las nubes de la tormenta. La temperatura es más baja de lo normal sin embargo mi cuerpo no exige cobijo, el fuego de mi alma irradia un calor que se extiende por todo mi cuerpo.

Me es inevitable no pensar en el mañana. Mi mente salta como un niño pequeño detrás de una barda para ver lo que viene en el horizonte. Hacía mucho tiempo que no sentía esta dualidad intensa. El motor me exige cada vez más combustible y entre más lo alimento más predomina mi paz interior. He comenzado a escuchar los sutiles susurros de mi intuición y sospecho que al fin camino hacia la dirección correcta.

No hay rencor en mí, tampoco existe arrepentimiento; Haber experimentado el nivel más profundo de la oscuridad de mi alma me ha dado las armas para cortar patrones mentales y preocupaciones banales impuestas inconscientemente por mis circunstancias sociales. El color naranja predice el regreso del sol coloreando la bóveda celeste de mi interior.

En unos segundos el reloj marcará treinta minutos para las tres de la mañana. Miro hacia afuera y las nubes de la tormenta apagan el resplandor de la luna tornando al cielo en una mancha negra que se impone sobre el mundo. Sin embargo dentro de mí hay luz. Gobernar mi interior me da la seguridad de caminar entre las tinieblas, al final la única luz que necesito encendida es la de mi alma.

El sueño por fin comienza a robar el control de mis párpados. Mi corazón se ha expresado y ahora quiere descansar. Hacía tiempo que no escribía en este diario, doy gracias por tener un medio tan noble para desahogar mis pensamientos. Espero sinceramente que le puedan ser de utilidad a alguien más.