LA EVOLUCIÓN DE MI CÁMARA PERSONAL

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NIÑO CON JUGUETE NUEVO (LITERALMENTE).

Todo empezó cuando mi papá me metió a estudiar edición de video a los 14 años, apenas conocí el Final Cut Pro 7, y el Windows Movie Maker cayo inmediatamente de mi pedestal. Un año después me regalaron mi primera cámara, una Canon PowerShot A640(la primera en la imagen de izquierda a derecha), aunque es una cámara de fotos yo la usaba para grabar video. En ese tiempo estaba impresionado con la calidad del 640X480 pixeles, grababa cortometraje tras cortometraje; Era una bendición no tener mucho conocimiento de cosas técnicas, ni si quiera me pasaba por la cabeza si la resolución era suficiente, si la profundidad de color era buena, que lente tenía, etc. Lo único que me importaba era grabar, editar y enseñar mis creaciones.

ÉL ADOLESCENTE APRENDE Y QUIERE HACER SU PRIMERA PELÍCULA.

Un año después, habiendo aprendido como funciona una cámara de video y todas las cosas técnicas implicadas, naturalmente surgió en mi la “necesidad urgente” de tener una cámara que grabara en Full HD (1920×1080 pixeles), porque mi cámara ahora no era suficientemente buena… (según yo). Aquí es cuando llego mi Sony Handycam HDR-SR100, (la segunda en la imagen de izquierda a derecha), ¡Al fin una cámara de video real! Me pasaba horas buscando entre los menús tratando de exprimir lo máximo a mi nueva cámara, continué grabando cortometraje tras cortometraje. Con esta cámara grabé un detrás de cámaras de la película Suave Patria y trabajé como camarógrafo en un documental de fútbol.

Poco tiempo después pensé, ya tengo una cámara ¿que me puede faltar?, así que me decidí a hacer mi primer película. Escribí el guión y compré en línea accesorios para la cámara, busque locaciones para filmar, empecé el storyboard, etc. Pero desafortunadamente seguía aprendiendo muchas cosas técnicas acerca de cámaras y eso no es siempre bueno. En mi búsqueda por que la película tuviera la mejor calidad técnica posible, mi tonta cabeza otra vez se convenció a si misma de que mi cámara no era lo suficientemente buena para lo que quería hacer. Así que guarde el guión y puse la mira en una cámara más profesional.

ÉL ADOLESCENTE VS EL ADULTO.

Suena extraño definir una etapa de tu vida por la llegada de algo material, pero en mi caso siempre he tenido un lazo especial con mi cámara, me supongo que es porque la veo como una extensión personal con la que puedo expresarme. En fin, en el 2012 tuve al fin una cámara semi profesional, la famosa Canon 5D Mark III (la tercera en la image… bueno ya saben el resto). Esta cámara también es principalmente de fotografía, pero lo atractivo de usarla para video es básicamente que puedes utilizar una amplia variedad de lentes intercambiables.

Con esta cámara crecí artística y personalmente. Comencé a trabajar, a tomar fotos, a producir más, a dirigir más. Filme un corto documental en Canadá, produje varios cortometrajes y videos musicales. Esta cámara me abrió un mundo de oportunidades para expresarme y aprender. Como se podrán imaginar, mi ambición por tener videos de la mejor calidad de nuevo evolucionó. Después de haber utilizado cámaras de cine profesionales, (Red, Arri, Sony, etc.), la calidad de video de mi cámara de nuevo ya no era suficiente para mí.

Para que se den una idea de lo equivocado que estaba, hay películas y documentales ganadores de premios muy prestigiosos que han sido filmados con la cámara que tenía; Pero desafortunadamente, el consumismo, la ambición y sobre pensar las cosas, me cegaron a no ver la oportunidad que tenía en mis manos.

ÉL ADULTO DEL PRESENTE.

En el 2016 fui al cine a ver Tangerine, una película que fue filmada totalmente con un Iphone 5s. Cuando salí del cine, lo único que pasaba por mi mente era “¿Cómo puede ser que yo ponga excusas para hacer una película mientras cineastas profesionales utilizan un celular para hacer las suyas?”. 

El miedo y la perfección paralizan la acción. Entonces me di cuenta de que pude haber hecho una película desde que tuve mi primera cámara, a lo mejor la calidad de video no iba a ser óptima pero ¿a quién le importa?, tenía 16 años. Me tomo casi 9 años abrir los ojos y entender lo mal que estaba; Tengo que agregar que esa película no fue lo único que cambio mi mente, durante los últimos meses del 2016 y hasta el presente, he vivido una etapa muy personal en la que me he encontrado a mí mismo, pero eso es otro tema.

¿A qué voy con todo esto? En noviembre del año pasado, aprovechando los descuentos de Black Friday, un muy buen amigo y yo compramos cada uno una cámara Canon C100 (la más grande de la imagen). Antes de que las personas que saben de cámaras me linchen por haber comprado una cámara que no graba 4k y que se pongan a decir “hay cámaras 4k más baratas que la que compraste”, quiero decirles que YO prefiero pagar un poco más y comprarme una cámara diseñada para filmar video a tener que estar batallando de nuevo con una cámara de fotos solo porque graba 4k, simple principio de diseño: forma sigue a la función.

Al fin tengo una cámara 100%  profesional, si antes no tenía excusas, ahora menos. Tengo los ojos abiertos, voy a hacer mi primera película con esta cámara. Por el momento estoy desarrollando lo más importante: la historia del guión. Mi meta es escribir algo muy barato de producir porque quiero cumplir el ciclo completo de producir, distribuir y recuperar la inversión; Esto no significa que vea el cine sólo por el lado monetario, por lo contrario, quiero hacer cine toda mi vida y si quiero lograr eso, mis películas tienen que ser un negocio.

Estoy agradecido de poder decir que he aprendido muchas cosas últimamente. Me costó mucho trabajo entender que no hay momento perfecto para hacer lo que quieres y darme cuenta que lo que tengo es más que suficiente para comenzar a cumplir mis metas. Ya vendrán oportunidades para hacer películas más grandes, pero para que eso llegue, tengo que sembrar mi jardín de oportunidades.